En 1996, el mundo empezaba a cambiar de maneras que pocos imaginaban. En Japón, la llegada de la Nintendo 64 desató una verdadera revolución: chicos y grandes soñaban con tener en sus manos esa consola que prometía llevar los videojuegos a otro nivel. Al mismo tiempo, en julio, apareció Hotmail.com, un servicio de correo electrónico gratuito que parecía casi mágico.
Lo que en ese momento era solo una forma novedosa de comunicarse, terminó siendo la semilla de lo que hoy llamamos email marketing y el preludio de las grandes redes digitales que dominarían nuestras vidas.

En los años 90, los logos nacían en un terreno híbrido, a medio camino entre lo analógico y lo digital. Todo empezaba con lápiz y papel: diseñadores que llenaban cuadernos de bocetos, afinaban líneas con mesas de luz y daban color con marcadores o aerógrafos. Era un proceso casi artesanal, donde cada trazo parecía contener la chispa de una nueva identidad visual.
Pero la revolución tecnológica ya estaba golpeando la puerta. En los estudios de diseño y las imprentas empezaban a sonar nombres que hoy son leyenda: CorelDRAW, Adobe Illustrator, FreeHand. Por primera vez, el trazo a mano podía convertirse en vectores perfectos, escalables y listos para cualquier soporte. Y aunque Photoshop no era el rey de los vectores, se colaba para dar efectos, texturas y brillos imposibles de lograr sobre papel.

El resultado de esta mezcla era un estilo único: logos con colores vibrantes, formas geométricas audaces y tipografías que gritaban modernidad, preparados en filmadoras, impresos en láser o recortados en plotters de vinilo para decorar vidrieras, autos y carteles.
Así, entre la magia del trazo manual y la precisión del píxel, los 90 forjaron logos que aún hoy despiertan nostalgia: símbolos de una época en la que el diseño gráfico empezaba a soñar en digital, sin dejar del todo atrás el encanto analógico.

Es el Gran Comienzo de esta aventura, ahora lo hacemos juntos!!!
